Admitamos que el final de Trainspotting está muy lejos de ser perfecto o de llegar a ser de los mejores de la historia del cine. Pero no importa ahora, porque para muchos es un final épico no por su espectacularidad, sino por el sentido que le da al comenzar de cero, desde el principio. Volver a ser otra persona, si así se entiende.
¿Qué podemos esperar luego de una vida de tantos errores? ¿Es posible cambiar, incluso después de llegar al fondo? Siempre ha estado esa voz que nos susurra cuando traicionamos o nos decepcionan: la gente nunca cambia. Desearíamos ir contra esa sentencia porque sentimos que el amor y la empatía son superiores. Perdemos casi siempre: los que cambian son raros y apenas sabemos de ellos; los demás nunca cambian.
Nos gusta ver a Mark Renton huyendo con lo robado porque “puede” ser la excepción, porque después de lo vivido cómo demonios se atrevería volver a ser el mismo. Debe cambiar. Por eso nos emociona su monólogo diciéndonos que ya es hora de volverse un adulto y sentare cabeza, de olvidar todos los excesos vividos en sus épocas de drogadicto y que tan caro pagó. Él ya no está para eso. Es renacer a fuerza, es ver a un nuevo Mark. Es un final tan bueno para cualquier persona en este mundo para que acabe siendo real.
Un final distinto a los “happy ends” pero es un final feliz. No hubo mejor manera de acompañar ese final con Underworld sonando de fondo. Es tan vivo ese final, que resulta muy complicado que una película del género la alcance. A mi me emociona verlo cada vez que lo encuentro en Youtube. Por si quieren volver a verlo…
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Es una recomendación, sobre todo para aquellos que comienzan a vivir, aunque este tiempo ya no tenga nada que ver con aquel. Valdrá la pena.
