¿Alguna vez te has planteado la idea de encontrar el tiempo perdido? ¿Has sido capaz de ver de qué modo se te han ido las horas y los días de tu vida? ¿Tuviste la improbable suerte de aprovechar cada instante o sentir la tragedia común de perderlo? ¿Al menos este pensamiento encontró un refugio brevísimo en tu cabeza en esas noches insomnes? ¿Nunca se dieron cuenta de esto, no ustedes los vivos que aún pueden arrepentirse, ustedes los muertos que ya no pueden lamentarse esta tragedia muy humana? ¿Por qué no lo vemos venir hasta caer la noche?
Cuando hablo de ello no me refiero al tiempo en que se deja de producir, el que se desperdicia en vez producir. Ojalá fuese así nuestra manera de perder nuestro tiempo porque casi lamenta aquello en los momentos finales. Es lo contrario, eso nos roba el tiempo, es decir, las preocupaciones mundanas: nuestra falta de pensar, de sentir, de tratar de ser mejor persona sin necesidad del exterior; de curar las heridas con más trabajo, anhelando mucho sexo, convivir por miedo y estar rodeado de gente a la que no le importamos y que en el fondo nunca nos ha querido.
Insistir en todo lo anterior nos hará pagar un precio demasiado alto tarde o temprano (y más nos valdría que fuese temprano). Tal vez la vejez o la cercanía con la muerte se encargue de echarnos en cara todo el tiempo perdido. El remedio para ese entonces ya se habrá desaparecido (el tiempo pues).
Pero nunca dejaremos de preguntarnos ¿Estamos condenados a vivir esta catástrofe? ¿Es realmente inevitable? ¿Nuestros antepasados y nuestros descendientes caerán siempre en esta trampa de la vida? Estamos seguros de que todos vamos a perder el tiempo, ni los hombres mejores ha de salvarse de esta tragedia. Pero de ellos debe aprenderse porque son quienes se percatan antes que nosotros de la trampa y quienes intentan salvarnos. Por medio de su inteligencia y sensibilidad nos han mostrado cómo el miedo y las vagas preocupaciones nos confunden para terminar pensando que lo que tiene solución parezca mortal y que puede posponerse lo que jamás ha de volver.
El tiempo que hasta hoy te han estado tomando, te han estado robando o te ha huido, recógelo y aprovéchalo. Persuádete que es tal como te lo estoy escribiendo: unas horas nos han sido tomadas, otras nos han sido robadas, otras nos han huido. La pérdida de tiempo más vergonzosa es, sin duda la que sucede por negligencia.
Séneca.
¿Qué más podemos hacer para recobrar el tiempo que nos queda? Pues vivir.
Pero no es tan sencillo ¿A qué nos referimos con vivir? Resolver esto y dar con una sentencia es luchar contra un mar gigantesco de visiones y perder. Pero si uno quiere escuchar algo sensato y encontrar una guía más le valdría poner atención a esto: la buena vida se trata de irnos preparando para la muerte.
¿Pero sólo eso? Es cierto que vivir la vida dependerá en cierta medida de cómo vemos el mundo, lo que podemos dar y recibir de él (sin esperar demasiado). Es por eso por lo que daré algunas ideas sobre lo que pienso que es una buena manera de vivir para tener al tiempo en nuestras manos, recogerlo sin vergüenza y sentirnos orgullosos con lo que hacemos de él. Recobrar el tiempo es:
- Sentir el pasar del tiempo tan conscientemente, deleitarse con el pasar de los minutos y las horas sin necesidad de estar haciendo o viviendo algo muy extraordinario.
- Hacer algo por los demás y dejar de estar ensimismados.
- Preocuparse menos por las cosas materiales y por sentimientos que muchas cosas veces son pasajeros. Buscar tener un mejor espíritu cada día y aspirar a una mejor sabiduría. Intentar no es lograr, pero la mera iniciativa ya nos puede llevar por buen camino.
- Cuidarse y tener salud. Dejar de pensar en lo que nos merecemos, en lo que deberíamos tener y mejor empeñarnos en cuidar lo mejor posible este cuerpo que por las buenas o las malas nos fue concedido. Hacerlo con más esmero con nuestro espíritu.
- Hablar con la familia y con nuestros mejores amigos. Nunca dejar de estar cerca con la gente que uno quiere.
- Realizar cosas que nos agraden. El entusiasmo es buen compañero para las grandes obras. Y que después de terminar seamos personas distintas (para bien).
- Es general, caminar, correr, platicar, observar con atención. Ver amaneceres y atardeceres en distintos lugares y contemplar el cielo. También, si las luces de las urbes no lo entorpecen, ver el cielo nocturno. Saber estar con una persona, pero mejor aún, saber estar con nosotros mismos.
- Ser un poco más valientes y tener el coraje de hacer cosas que no gusten a los demás o que no sean bien vistas. Asimismo, evitar la soberbia y pasar por encima de los otros. Atreverse a parar las injusticias y a ser más honestos frente a tanta locura, cinismo y crueldad. O al menos no seguir cooperando en las tragedias humanas.
- Escuchar bien y saber callar. Por el bien de nosotros y el de los demás. Aceptar el silencio.
- Ser más sinceros con nuestros compañeros y con nosotros. Nadie gana con ser engañado o con vivir engañando. Aceptar que se ha vivido erróneamente, que nos hemos equivocado y tener en cuenta siempre nuestra inmensa ignorancia. Somos humanos y a estos males estaremos expuestos toda la vida.
Nunca habrá nadie ni algo que en su más pura esencia que nos ayude a recobrar el tiempo que ya se nos fue. Lo más triste es que seguiremos perdiendo el tiempo por las razones equivocadas. Pero algo ha de pertenecernos de todo lo perdido y de todo lo robado. Aceptemos con sabiduría lo que ya se fue, pero sin dejar de aferrarse por lo que todavía es nuestro. Y esto es un comienzo y podemos apropiarnos de él (si queremos claro).
