El cuentista Tolstoi

Terminé de leer algunos cuentos de Lev Tolstoi. Y debo decir que pocos han sido los cuentos que de alguna manera te marcan y se vuelven inolvidables. Y Tolstoi además de ser un excelente novelista, es un gran cuentista. Y muestra la gran comprensión que tiene de la naturaleza humana, una sensibilidad tan elevada que es lo que explica el poder de los cuentos escritos.

Desde la lucha por el deseo y el temor a la vida en el “Padre Sergio”, nuestro rechazo a la paz sin guerra en “Una Oportunidad Perdida”, una disimulada crítica política y económica con muestras de un cristianismo anarquista en “Iván, El Imbécil”. Creo que ninguno de los cuentos de esa antología dejará indiferente a nadie. Hasta el de “Los Tres Ermitaños” aun siendo breve, es muy bueno.

Es sin lugar a dudas, un buen cuentista. Si me pusiera a reseñar cada cuento y sacar interpretaciones, reflexiones y referencias, daría para unas 20 entradas largas en este blog (quizá lo haga con los cuentos más emblemáticos). He leído que el cuento tiene todo menos simpleza y que la habilidad de un escritor sale más a la luz en los cuentos que en las novelas. Y la verdad que no lo descarto. Grandes escritores antes que ser novelistas, fueron grandes cuentistas e incluso varios de ellos nunca abandonaron por completo los cuentos.

Y los cuentos son más poderosos que las novelas por el simple hecho de ser “más sencillos”. Rara vez encontraras a alguien que lea una novela completa y la tenga presente como un cuento. Un buen cuento se graba en la mente como piedra. Se transmite por generaciones desde los más pequeños hasta los viejos. Muchos vienen de tradiciones orales y se vuelven patrimonios culturales de regiones. Terminan marcando una identidad.

El único enemigo quizá es su “brevedad” y de que se ve más como un ejercicio para escritores principiantes que aspiran a novelistas. Un cuentista puede ser subestimado en comparación a alguien que escribe novelas. Una novela siempre será más “reconocida” por el tamaño de su relleno y el esfuerzo invertido (aunque sean pocos quienes las lean de verdad). Para quienes hemos leído cuentos sabemos que nada de eso es verdad. Así como una película no siempre es superior a una buena fotografía, el cuento nada tiene que pedir a la novela. A veces, son los proveedores de la mejor sabiduría, la que se nos queda en el alma.

Horacio Quiroga lo dejó bien marcado en su Decálogo del perfecto cuentista, cuyo contenido es todo menos simple y superfluo. A veces cortar es más difícil que rellenar de palabras y palabras. Encontrar buenos sustantivos más que adjetivos es el reto para la mayorías de los escritores. Y quien domina ello, quien sabe pulir y ofrece todo tan “exacto” y sin tanta paja, ahí está un maestro cuentista. Y Tolstoi es uno de ellos.