Se habla mucho de cambiar hábitos, de que te levantes a las 5 am para ser más productivo, hacer mucho ejercicio y generar dinero. Y no están mal esas ideas, pero es notorio que siempre se busca el tener más tiempo para seguir produciendo. Sin embargo, hay muchas posibilidades de fracasar si sólo se tiene en cuenta la utilidad de algo y no hacerlo también por una motivación intrínseca, es decir, levantarnos temprano para despejar la mente, encontrar menos ruido, estirar las piernas o simplemente por ver los amaneceres que nos hemos perdido por tanta desvelada o no perdernos del “misterio de la noche”.
Quizá para el que se levanta temprano por costumbre (y peor para los que se levantan temprano por obligación) piensan que son superficialidades o tonterías. Y quizá lo son. Pero lo son menos para alguien que tenía la jodida costumbre de levantarse pasada de las 2 de la tarde, con días récord de 6 pm. Me dormía a veces entrando el amanecer, con récords de empezar a dormir a las 7 u 8 am. Cuando me cambié de ciudad empecé a dormir más temprano y despertar más temprano. El trabajo ya me permitía dormir más temprano y despertar mucho antes. Pero terminaba despertando a las 10 am y en algunos casos a las 11 am. Es un avance respecto a despertar pasado del medio día, pero no es nada padre despertar e ir corriendo a tu trabajo sin que haya al menos una taza de café y unos 5 minutos de relajación antes de ir a trabajar.
Agradezco que durante todos estos años me permití dormir bien. Pero créanme, y los que lo han vivido no me dejarán mentir: nunca se siente bien despertarse tan tarde, aunque la noche te invite al misterio o muchos cosas divertidas e interesantes se hagan pasada la media noche. Me sentí mal demasiadas veces aunque hubiese dormido las horas correctas. Todo el mundo ya llevaba media jornada laboral trabajada mientras yo iba empezando el día. Y muchas noches no hacía nada para empezar a dormir, sólo ver la computadora o el teléfono. Y mi mala costumbre de tomar café pocas horas antes no ayudada. Y busqué el milagro de dormir temprano con cafeína en el cuerpo y habiendo despertado tarde. El milagro nunca pasó.
Acepté por un tiempo que el milagro nunca sucedería, que debía estar agradecido de no trasnochar como antes. Pero en el fondo sabía que mucha gente obligadamente lo hace y como sea funciona. O los casos donde se ha hecho voluntariamente y lo han logrado. Siempre quise ser de los segundos. Porque hacerlo obligadamente nunca funciona para siempre: la gente aprovecha los fines de semana para dormir hasta tarde, se tienden a desvelar mucho, compensan usar el teléfono como medio de obtener un tiempo para ellos mismos, siempre hay cansancio y estrés, hay hastío y siempre que hay oportunidad, buscan los “misterios de la noche”.
Por eso sólo quedaba la opción de hacerlo voluntariamente ¿pero cómo? Soy dueño de mi propio negocio y nadie me obliga a estar a la hora. Y poco me importaba perder clientes que me buscaban temprano. Tampoco el que no me alcanzará el tiempo para organizar y mantener el pie el negocio. Si nada de lo anterior me motivaba ¿Qué más podría hacerlo? Sólo había una opción: el querer encontrarme de nuevo por las mañanas y notar cuánto me había perdido por encontrar maravillas que, por mi experiencia vivida antes y comparando con los días que llevo levantándome temprano, no sean tales o son exageradas después de todo. Contemos que llega una edad donde ya no quieres o no puedes permitirte desvelarte tanto o no le encuentra el sentido a perderte por las calles, teniendo citas o buscando lugares para “pasar la noche”.
El inicio del cambio no llegó por ver videos motivacionales ni por hacer un journal super estricto. Comenzó desde hace casi dos meses, buscando la máxima concentración y empleando mi tiempo para lo que verdaderamente importa. Alejando poco a poco el teléfono en las noches y usando un filtro para que la luz azul no me afectase. Y dejando de tomar café muchas horas antes para no echar a pelear a la cafeína con mis ganas de dormir. Y porque una mañana me desperté a la hora deseada (con horas de sueño indeseadas) y ya no me acosté para nada. Así empezó todo.
Llevo casi tres semanas de encuentro con las mañanas. Es un récord para el búho nocturno que llevo en mí. A veces no me lo creo. Me da la ansiedad de volver a caer como el abstemio que llega a un bar por influencia de sus amigos o familiares. Pero hay días en los que he despertado un poco más tarde (fines de semana) pero en la semana he vuelto a pararme temprano. E incluso mi cuerpo ya sabe que a cierta hora no tiene sentido dormir y me niega el sueño. Y los días que no he dormido mis horas, me ayuda a que no me venza el sueño durante el transcurso del día. Lo más increíble de todo es que durante la noche ¡ya puedo dormir sin ayudas! Es decir, que no necesito tener relaciones sexuales, ni escuchar música relajante ni tomar tés para caer profundamente dormido. Antes era todo un martirio querer dormir y me llevaban en promedio 45 minutos (incluso días donde me llevaba horas) el alcanzar el sueño. Ahora sólo me lleva 15 minutos. Es de no creerse.
De manera técnica, les resumo lo que me ha ayudado a dormir y a despertar más temprano:
- Despertarme forzosamente a las 7 am
- Apoyarme de la mejor alarma disponible en el mundo digital -ALARMY-
- NO TOMAR CAFÉ ANTES DE LAS 3 PM
- Delegar tareas profundas o complicadas para las mañanas o el mediodía y simplificar lo más posible las últimas 3 horas de la noche.
- Tener una Guía de horarios (yo hice la mía gracias a una larga plática con Gemini, la IA de Google). Aclaro que es sólo una guía, no un horario militar.
- DORMIR LO MÁS TEMPRANO POSIBLE
- Ponerle el filtro azul a la pantalla de mi móvil, aunque si puedes dejar de usarlo horas antes de dormir ¡qué mejor!
- Estirar en las mañanas o dar un paseo. Haz algo agradable mucho antes de tomar tu café o irte a trabajar. Aunque sea dedícale unos 15 minutos a esa actividad agradable.
Como pueden ver, no es la gran cosa. Lo detallé, pero si lo condensan se darán cuenta que lo más importante es eliminar la cafeína muchas horas antes de dormir, fijar una hora para despertar y lo que parece obvio pero que no es tan fácil: dormir más temprano. Se dice fácil el ir a dormirte más temprano pero incluso estando cansado y con sueño, el cerebro a la vez necesita un poco más de dopamina o de “perderse” mirando la tele o viendo la pantalla del móvil. Quiere descansar pero quiere tener ese ratito para complacerlo (o complacerte) y siente que si no miras el móvil para no perderte de algo “importante” o para que veas qué le paso a fulano, no siente que ese día ha valido la pena.
Y pasa, para colmo, que te llega un chute de energía que no necesitas a esa hora (y cuando la necesitas en las mañanas ni se aparece). En las mañanas te maldices por no haberte dormido a la hora, pero en las noches no te sientes cansado ni con ganas de apagar las luces. Si te quedan energías quieres aprovechar para hacer tus labores. Y si compartes vivienda, si todos duermen tarde, la cosa se complica más. Aunque he notado que si cambias ese hábito, bajita la mano se les pega a los demás, aunque lleva su tiempo.
¿Y vale la pena despertarse más temprano? Por lo útil sí, bastante. Te rinde más el día, puedes hacer más cosas en tu día laboral y no pierdes clientes. Mayor capacidad de organización y mayor posibilidad de cumplir tus proyectos o metas. Quizá hasta más probabilidad de generar dinero (pero no es tan simple como lo pintan los gurús). Y por los abstracto, vale más la pena aún. El poder encontrar un tiempo para ejercitarte, para cuidar tu salud, el caminar y disfrutar el buen calor del sol sin quemarte (aunque los días fríos se complica un poco), el tener tiempo hasta para tomar un café mientras lees o bañarte sin tener que cambiarte y corres a trabajar. El dejar de lado esa imagen de trasnochador y empezar a sentirte un madrugador no tiene precio. El saber que, pese a todo pronóstico, lograste tener la voluntad para lograrlo.
Y sí, para los que lo hacen todo el tiempo por obligación o por su gran voluntad les puede parecer banal. Pero lograrlo, a sabiendas que nadie te obliga (donde es fácil caer en la desidia), sin control externo y sólo dependiendo de la buena voluntad que tengas o de la suerte ¡es increíble! Para los que hemos perdido mucho por trasnochar y levantarnos tarde, esto se siente como el milagro esperado durante tantos años. Es la muerte de una desesperanza que lo embargaba todo. Es el gran poder de despertar con el ritmo del día, de ver el amanecer y poder tener tiempo para ejercitar cuerpo y mente. El tenue placer de poder dormir apenas cierras los ojos. Y el gran privilegio de lograr despertar temprano por voluntad propia (muchos, muchísimos en este mundo no pueden hacerlo), privilegio que estaba tirando por la borda.
Y no, este post no es para cantar victoria. Primero: falta poco para que se cumplan los 21 días que se necesitan para crea un hábito. Y segundo: Aún cuando se cumpla el plazo, es estar siempre consciente de que estamos al borde del precipicio y de volver a la rutina de antes. De que esta batalla no se acaba, sino se libra día tras día y para siempre, porque el búho trasnochador que habita en mí sólo se apacigua, pero siempre estará buscando la oportunidad de trasnoche como era antes, por costumbre. Y tercero: es aceptar que voy a perder los beneficios (sí, los hay) que me daba la noche a cambios de los hermosos regalos de la mañana. Es aceptar y firmar el contrato ineludible para pasar de búho a alondra.
Nos vemos en la segunda parte del post.
