Parece una suerte de derrota anticipada pero en el fondo es todo lo contrario: hay que hacer a un lado al mundo. Siempre quedará tanto por hacer y sobradas ganas de contribuir a un mundo mejor. Hay razones muy justificadas para combatir a “los malos”, los crueles, los sanguinarios y déspotas que abundan. Pero nuestras manos poco servirán para acabar contra ellos y las preocupaciones que causan. Incluso, puede que acabemos contribuyendo a la miseria que queremos exterminar.
Así como hay tantas razones para preocuparnos, asimismo las hay por la cuales debemos reducir la importancia que le damos a las catástrofes del mundo: nuestro rincón del mundo es muy parcial y nuestras visiones sesgadas y erradas; los sistemas sólo cambian a través de los siglos y sus errores se terminan repitiendo; los cambios brucos acaban en violencia y la alternativa es peor en gran cantidad de casos. Algo más paradójico es que incluso, teniendo la suerte de ser un genio muy influyente y ser aceptado (además), el cambio al que aspiró esa personalidad tardará siglos en establecerse. Pocos pueden vivir para ver la grandeza de sus acciones.