Cultiva tu jardín

Parece una suerte de derrota anticipada pero en el fondo es todo lo contrario: hay que hacer a un lado al mundo. Siempre quedará tanto por hacer y sobradas ganas de contribuir a un mundo mejor. Hay razones muy justificadas para combatir a “los malos”, los crueles, los sanguinarios y déspotas que abundan. Pero nuestras manos poco servirán para acabar contra ellos y las preocupaciones que causan. Incluso, puede que acabemos contribuyendo a la miseria que queremos exterminar.

Así como hay tantas razones para preocuparnos, asimismo las hay por la cuales debemos reducir la importancia que le damos a las catástrofes del mundo: nuestro rincón del mundo es muy parcial y nuestras visiones sesgadas y erradas; los sistemas sólo cambian a través de los siglos y sus errores se terminan repitiendo; los cambios brucos acaban en violencia y la alternativa es peor en gran cantidad de casos. Algo más paradójico es que incluso, teniendo la suerte de ser un genio muy influyente y ser aceptado (además), el cambio al que aspiró esa personalidad tardará siglos en establecerse. Pocos pueden vivir para ver la grandeza de sus acciones.

Lo más probable es que nos demos cuenta de algo horroroso: que después de mucho pensamiento y tanto ímpetu, resulte que estábamos equivocados. Hay pensamientos que acaban siendo insostenibles pero que no abandonamos por soberbia o porque nos apegamos tanto a ellos. O están muy alejados de la condición humana o son utopías literalmente. Y si eso resulta poco, pongamos en la mesa que el ser humano es insatisfecho por naturaleza, en otras palabras: nada le acaba pareciendo.

El mundo es mejorable hasta el infinito: si hoy nos preocupa la pobreza extrema, en unos siglos sentiremos vergüenza que haya gente que no pueda viajar al espacio ¿Es todo esto una excusa para hacernos creer que podemos ser autores de nuestro paraíso? Probablemente, aunque no dudo que estaremos mejor que ahora en casi todos los aspectos. Sin embargo, todo progreso trae consigo una pérdida. Y todo progreso no acaba siendo parejo, siempre unos van antes que otros ¿Puedo hacer algo para que eso mejore? Lo cierto es que no. Por eso no vale la pena preocuparse demasiado porque las cosas estén tan mal, ya que no tenemos el poder para cambiarlas y quienes lo tienen sólo sacan provecho de las bajezas de este mundo. Si bien es lamentable que no todo quede en nuestras manos, hay que notar que mucho se hace por no contribuir más a la barbarie y a la crueldad que inunda a este mundo. Tal vez nuestros mejores esfuerzos están en darle valor a los que nos rodean por medio de nuestro trabajo, de ser un poco más amables, más sensatos, por ser mejores cada día en las cosas cotidianas y en superar las dificultades personales.

La lucha personal de cada día es la prioritaria, no es la que nos quieren imponer los sueños colectivos y faraónicos. Esa misma que trata de poder sostenernos y llevarnos algo a la boca todos los días, la que está a nuestra altura, la que no permite el abuso de los demás sino da ejemplos, la que se procura la tranquilidad y la que se resiste de las comodidades para encontrar su libertad. Es la que Voltaire (en una de las mejores frases de la literatura y de la historia) nos enseñó en su Cándido: cultiva tu propio jardín.