Tener a la mano lápiz y papel era un truco que usaban hasta los más creativos siglos atrás. Porque bien se sabe que, a la mente más abusada, se le escapan las ideas y atraparlas sólo es posible con un pedazo de papel y un lápiz, para guardarlo y desarrollar esa idea con más seriedad en el escritorio, en un lugar tranquilo e invadido con ese estado de flujo tan característico de las grandes obras y contribuciones.