¿Es posible escapar de la duda? Lograrlo tal vez nos haga un poco más felices y a la vez más torpes. Los desafortunados tenemos que vivir con ella para siempre. Lo más penoso de dudar es que las dudas que nos asaltan vienen con paradojas o de plano sin respuestas. Siempre decimos que esta será la última vez, que ya no pensaremos en más cosas absurdas. Así fracasamos siempre.
Cuando uno piensa en el origen de todo lo que nos rodea, como me pasa frecuentemente, no dejamos de preguntarnos cómo vinimos a dar aquí, cómo llegamos a ser lo que somos ahora ¿De dónde proceden cada una de las moléculas y átomos de nuestro cuerpo? ¿Cuántos años no viajaron todos estos elementos para terminar en nosotros?
La duda va más allá de los padres y abuelos, mucho más allá de nuestros ancestros. Es evidente que no tendremos nunca la respuesta por las variantes infinitas del asunto. Hay que aceptar que esto no es un ejercicio científico sino de imaginación. Saber que todo, que las estrellas, los planetas, los cometas, que usted y yo fuimos parte de un punto tan singular que procede de otra dimensión inconcebible y que terminó por expandirse hasta formar lo que hoy podemos observar.
Somos parte de un viaje eterno. En él, somos viajeros que vagan lento yendo y viniendo entre nebulosas y estrellas, que se destruyeron y exterminaron todo a su paso para construir otros mundos. A lo mejor fuimos el polvo de una montaña extraterrestre, que volvió al espacio para luego formar parte de un cometa que impacto en un planeta que recién se formaba. En un acontecimiento que aún no tiene explicación clara ni fecha determinada, surgió lo que entendemos como vida. Algo de nosotros estuvo en esos organismos tan simples que comenzaron a sobrevivir y reproducirse, negándose a ser cosas inertes.
Bacterias, virus, trilobites, peces primitivos, insectos gigantes, dinosaurios pequeños que luego se volvieron gigantes, ratoncitos que se transformaron en monos erguidos que siguen pensando que son la medida de todas las cosas: ese es el viaje que hemos recorrido tan sólo en la historia de la tierra.
Es posible que ante la evidencia, caigamos en una doble trampa: pecar de humildes o de soberbios. Pero tal ejercicio, para quien pueda tomarse el tiempo y tenga el valor, le hará sentirse diferente, un poco insignificante y a su vez un poco grandioso por formar parte de la historia del todo. Es fácil evitar la trampa, aceptando la brevedad de la vida, es decir, que sólo estaremos temporalmente en este cuerpo con su correspondiente conciencia y que no pasará mucho para ser polvo.
¿Quiénes fuimos antes? ¿A dónde iremos a parar después de volver a ser polvo? ¡Qué impresionante sería si pudiéramos recordar! Pero ¿Qué nivel de conciencia podría con tanto?
