El estado de flujo

¿Has vivido ese momento especial donde juegas, escribes, observas, construyes y no existe nada más? ¿Dónde los problemas desaparecen sin importar su intensidad? ¿Dónde la mente y el cuerpo se alinean para crear o disfrutar de alguna actividad o pensamiento? Seguramente sí, si no, no estarías leyendo esto ni entenderías lo que trato de decirte. Y claro, hablo del estado de flujo.

El estado de flujo es “ese estado en el que uno se siente completamente absorto en una actividad que proporciona placer y disfrute”. Y si quieres saber más a profundidad recomiendo que leas el libro que mejor lo ilustra: Flow o Flujo de Mihaly Csikszentmihalyi. A partir de ahora me enfocaré en los que el Flujo hace por nuestra vida, por qué deberíamos adoptarlo y siempre buscar momentos donde este flujo aparezca, así sea en actividades de disfrute, de alta concentración o en las que parece que nada hacemos.

Cuando no hay estados de flujo en nuestra vida

Primero empezaremos por lo terrible y diré lo siguiente: ¿Qué pasaría si no hay estados de flujo en nuestra vida? Al principio o en apariencia nada. La vida puede ser tan normal como siempre. No vas a hacerte más rico o pobre, ni sufrirás por amor, reconocimiento. Harás lo que te toca hacer porque así te han dicho que obtienes lo que quieres, o que debes esforzarte y sufrir para lograr tus objetivos. Y puede que lo consigas por ese camino. Pero todo ello será siempre creyendo que todo acto de creación se valida sólo por lo que el mundo exterior demande o recompense. El disfrute no tiene lugar porque la recompensa siempre estará afuera, en la mirada de los demás o en lo que nos puedan dar.

Y si no lo logras lo anterior, tendrás la necesidad de empujar y forzar tu actividad hasta el límite, hasta que no puedes más porque sólo así se obtienen las cosas que queremos (o lo que nos dicen afuera que queremos ¿verdad?). Y cuando llegue aquello, si lo consigues de esa manera, tu vida no será comparable con alguien que le dio lugar al estado de flujo en su vida. No sabrá que es ser feliz al menos por unos instantes. Y la felicidad que se alcance será producida por placeres y actividades superficiales y vacías.

¿Alguien puede encontrar una sensación de plenitud, de verdadera felicidad sin tener momentos de flujo? Es muy complicado. No se puede encontrar tranquilidad si en primera no podemos concentrarnos en cualquier cosa por lo menos en algunos minutos. Y necesitamos estar tranquilos para respirar profundamente, para observar, para analizar. Y después, en un terreno fértil, el estado de flujo nos visitará y nos absorberá tanto que en ocasiones nos olvidaremos hasta de nosotros mismos. Y nos haremos adictos a la soledad, a la tranquilidad, a la concentración porque gracias a esos ingredientes, podemos encontrar el flujo para crear lo que anhelamos.

¿Cuándo estamos en estado de flujo?  

Si bien ya mencionamos algunos ingredientes para el estado de lujo, no necesariamente deben existir todos a la vez. Ni está restringido a un número muy limitado de actividades.

Ingredientes

Para encontrar flujo en nuestras vidas necesitaremos estar en paz, tranquilos, sin ansiedad, tristeza ni cansancio. Y es obvio que no estaremos totalmente libres de problemas ni preocupaciones, no en esta vida. Pero no podemos entrar en flujo si nos consume la ansiedad, la necesidad, lo que piensen los demás e inclusive los resultados. Será muy difícil entrar en flujo si lo anterior nos devora.

Por eso es por lo que la tranquilidad, la soledad, cierta alegría (o si hay mucha, mejor), van a ser la previa para realizar cualquier actividad que produzca flujo. Quizá no estarán todos esos ingredientes en cantidades iguales o a la vez, pero al menos será indispensable: estar relajados, descansados y con un mínimo de bienestar. De ahí en adelante, podemos facilitarnos nuestro estado de flujo con más ingredientes.

¿Qué actividades producen flujo?

Casi en cualquier actividad donde encontremos propósito, donde tengamos que concentrarnos, dificultad media, un camino de aprendizaje continuo, cierto placer y disfrute. El lado positivo es que podemos encontrar un estado de flujo en actividades artísticas, culturales, en oficios y profesiones que ayudan a la humanidad y la enriquecen de maneras inimaginables. El lado negativo es que también podemos encontrar flujo en las adicciones, en la delincuencia, en la lujuria, el entretenimiento banal. Estos son estados de flujo de bajo nivel y en ellos no encontraremos ni de chiste los beneficios que arroja el estado de flujo empleado de actividades positivas.

Cuando hay flujo en nuestra vida

Una vida de buen flujo puede ser todo menos una vida mediocre.

Cuando no nos importa el resultado de todo lo que hacemos mientras aprendemos o mejoremos, en un camino de aprendizaje donde sólo nosotros estemos atentos y contentos por lo que hacemos, ahí habrá estados de flujo genuinos. Es donde no hay exceso de esfuerzo ni sufrimiento ni son las recompensas del mundo exterior lo que nos empuja a crear o construir. Donde el proceso se disfruta más que el resultado. Y si esta actividad nos da dinero o reconocimiento, pues aún mejor, pero siempre priorizando el estado de flujo antes que los resultados o la validación externa.

Cuando permites estar en estado de flujo, sin importar la actividad, facilitas que el bienestar y la felicidad entren a tu vida. Cuando te aíslas de todo lo que pasa en el mundo exterior y sólo te enfocas en que ese escrito quede muy bien, que ese mueble esté listo para disfrutarlo con tu pareja o hijos; cuando aprendes a observar los paisajes y sus matices, ves y oyes conversaciones, sonrisas, sombras, cuando entras en estado de flujo sin que te des cuenta, un gozo insuperable entra a tu vida. Y cada día que te permitas estar en flujo, será un día bien aprovechado, realmente vivido, así no hagas algo productivo como exige el mundo exterior.

Y para quien ha experimentado el estado de flujo, no hay marcha atrás. Se volverá una adicción que contribuye al conocimiento, a la alegría y a la sabiduría porque se entrelaza el uso de lo material (no siempre) con el dominio de la mente y la guía del espíritu. Si me preguntarán por una razón para venir a vivir en este mundo de manera voluntaria, sería precisamente para poder experimentar esa triada que conecta al cuerpo con la mente y el espíritu.

Cuando conozcas a alguien que vive entre estados de flujo, quizá notes que no es una persona dentro de lo común. Y en estos tiempos, es muy difícil saber de gente que entre en estados de flujo. Y más ahora con tanta distracción se hace impensable que la mayoría de las personas entre, aunque sea poco, en un estado de flujo. Si todavía agregamos que muchas actividades que permiten el flujo están siendo creadas por inteligencias artificiales, se pierde el incentivo para crear por motivación propia y se prefiere ahorrar tiempo usando estas herramientas. Pero las IA’s no crean estados de flujo ni pueden disfrutar de sus beneficios por muy perfectos que sean sus resultados. Simplemente no tienen gran conciencia. Cuando creamos, no sólo nos maravillamos con la técnica, la sensibilidad del artesano, del artista o profesional: aunque parezca que es falso, mientras miramos más a fondo su creación, nos percatamos del grado de conciencia que tiene el creador. Y en lo personal, pienso que nunca llegará ese momento en el que un robot o IA pueda tener alta conciencia. Podrán ser super perfectas en todo lo que hacen, pero llegar a ser una entidad muy consciente, lo dudo mucho.

¿Vale la pena luchar por el estado de flujo?

No tiene sentido dejar que todo lo hagan ellas y decir que todo está perdido. No tiene sentido dejar de experimentar flujo por pensar que ya hay alguien que lo hace mejor que nosotros, que no vamos a ganar nada haciendo lo que hacemos. Algo puede no ser valorado o incluso menospreciado, pero ese algo es único porque lo hiciste tú. Y ese tú es algo tan complejo, contiene tantas historias, expresiones, emociones, sabiduría, que ni por asomo puede ser desafiado por una inteligencia artificial, por tanta potencia que tenga. Una IA quizá puede copiar el estilo, pero no crearlo desde cero de la manera imperfecta pero sincera como tú lo haces.

Puedes apoyarte de ella para agilizar las partes de tu trabajo o proyecto donde no haya esencia o personalidad. Pero en los momentos cruciales, en las palabras más potentes, en las imágenes más cargadas de significado o en esa conversación sincera, ahí no debe existir espacio salvo para tu corazón y espíritu.

Por eso, si de verdad quieres pelear por tu esencia y todo lo que ella te lleve a crear, busca ese estado de flujo y deja que todo fluya, valga la redundancia.  

Encontrar el estado de flujo cada día

Cada día es una oportunidad para encontrar el estado de flujo, aunque sea en breves segundos. Es una forma de rebelarse ante este mundo que todo quiere automatizar y que, buscando nuestra comodidad, nos terminará durmiendo, anulándonos, eliminándonos como seres conscientes. No podrás hacer que los demás entren en estados de flujo, porque esto es como la salvación: es individual. Y aunque parezca que te aíslas, quizá al principio así sea, pero a largo plazo hallarás gente que por primera vez te comprenda, que entienda lo que es olvidarse de uno mismo mientras se crea algo tan bello que algún día puede dejar de ser sólo para sí mismo y llegue a los demás.

Entiendo que encontrar esos momentos de flujo no sea tan sencillo. Y más ahora con tanto trabajo y distracción no lo será en un futuro lejano. Pero para quien desee contribuir o crear en esta experiencia humana, si es un deseo tan fuerte, imposible de ignorar, siempre habrá tiempo y momentos para entrar en estado de flujo. Y entrando no hay vuelta atrás.

Si has leído esto puedo sugerirte que lo intentes. Si pudiste concentrarte leyendo esto, es porque estás listo para experimentar el flujo o hacer lo que realmente quieres hacer en esta vida, en esta completa pero gran existencia humana. Y estás a unos pasos de cambiar tu vida y quizá hasta la de los demás, sin pretenderlo, sin buscarlo, sólo creando por medio del estado de flujo.

Gracias por leer ¡hasta pronto!